lunes, 6 de febrero de 2012

36 BIGOTITOS Y LUNARES

Ya antes lo he dicho: me parece chilerísimo que el estilo personal de cada quien se nutra de elementos que uno considere que reflejan quién es y, por tanto, de influencias obtenidas de donde uno guste. Pocas cosas se me hacen tan patéticas como vestirse o decorar la casa exactamente como estaban en la vitrina de la tienda donde se compraron las cosas…y créanme: se nota. Para lograr lo que digo, es natural darse ideas en fotos, en viajes, hasta en las propuestas de los diseñadores famosos. Antónimo de natural, según yo, sería que un guatemalteco no tuviera una sola referencia guatemalteca. La decoración de mi casa, por ejemplo, sin ser literal, gira en torno a la idea de un collarín de güipil, con colores, texturas y formas por todas partes. Dejo claro, entonces, que no soy un purista mayista extremista que cree que lo étnico es intocable en aras de la corrección política esa que pareciera, a veces, existir por existir. En septiembre, a propósito de la Miss Guatemala y su atuendo de cofrade de Chichicastenango, escribí sobre lo que considero un uso abusivo e ignorante de lo indígena. No es lo mismo usar una bufanda o una faja “típica”, que travestir a los niños por motivos falsamente patrióticos en septiembre y equivocadamente religiosos en diciembre, sobre todo cuando dicha actitud no conlleva, en absoluto, un mejor entendimiento de esa otredad ni se ha hecho, además, el mínimo esfuerzo por descubrir los errores y perversiones conceptuales de eso que se considera simplemente “lindo” y “bueno”. En lo particular, me es imposible no entender el mito de la Virgen de Guadalupe como uno notoriamente racista y colonialista. Y con esto hablo más bien de la leyenda y de la tradición, no de la aparición en sí, que yo en apariciones de ese tipo sí creo. De acuerdo a estudiosos como Marcella Althaus- Reid, las narrativas de la conquista a menudo retrataron a la Virgen María como guía de los conquistadores en sus masacres de indios. Los relatos oficiales de la propia Guadalupe retrata un ser de “infinita bondad” que se aparece ante un indio humilde, no para pedir trato justo para los indios, no para exigir vivienda para los pobres o protestar contra las violaciones a los derechos humanos…sino para demandar la construcción de un templo católico. ¿Qué conveniente, no? Total, si alguien ayer (y seguro fueron muchos) cometió la insensatez de “disfrazar” a sus hijos de “inditos” en honor al mito de la Guadalupe –con todo y los inexplicable bigotitos de español en los niños y lunar de putita en las niñas– espero que al menos hayan tenido la congruencia de tratarlos como trata Guatemala a los indígenas de verdad: que los hayan puesto a trabajar desde madrugada a cambio de un par de lenes, que hayan hecho la siesta en piso de tierra y comido, si mucho, un par de tortillas con frijoles; que hayan hecho la siesta en piso de tierra, que los hayan insultado y, si protestaron, que les hayan exigido hacerlo en donde no estorbaran el paso. Eso sí: es importante que se hayan visto lindos en las fotos, para atraer a las visitas, tal cual hace el INGUAT.



Esta fue mi columna semanal No. 36 para Siglo21, publicada el martes 13 de diciembre de 2011. El texto publicado en la edición impresa difiere del acá transcrito, por edición del personal del diario. El enlace para el sitio web de Siglo21 es http://www.s21.com.gt/vida/2011/12/13/bigotitos-lunares

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