lunes, 24 de octubre de 2011

¡CONSUMIR, CONSUMIR, CONSUMIR!

De moditas pasajeras, periódicas e ineludibles, ciertamente estamos rodeados. Pasajeras, porque duran de un par de semanas las que menos a un par de meses la que más; periódicas, porque son varias al año, todos los años. Ineludibles, porque...¿necesitaré explicarlo? Y pocos, muy pocos, nos atrevemos, en lo posible, a conscientemente pasar por alto la publicidad que, como bien dice Eduardo Galeano, nos ordena consumir – por más que la economía se lo prohíba a la mayoría. Comenzamos en enero: aunque la tradición del día de reyes es heredada de España, no era común, hasta hace pocos años celebrarla aquí. Ahora, sin embargo, desde que varias panaderías importaron la receta mexicanoide, pues ya es menester comprarla y juntarse con los cuates: Es la moda disfrazada de sabrosa “costumbre” (subrayo lo de “sabrosa”). En febrero es raro quien quede libre de verse forzado a comprar rosas sobrepreciadas, peluches cursis, tarjetas horrendamente melosas o hacer colas enormes en algún restaurante para celebrar el cariño que se le tiene a los amigos, la pareja o la familia. No faltan, tampoco, las depresiones solteronas que duran lo que dura la psicosis del día. Al rato llega la Semana Santa: renta de casas en el puerto, hoteles, fiestas patrocinadas por megaempresas alcoholeras, bikinis, chancletas, ropa de verano. Viene luego el día de la madre y nos ofrecen desde regalos que considero un tanto ofensivos (aunque útiles, supongo...) como planchas y licuadoras, lavatrastos y secadoras, hasta, otra vez, flores que súbitamente subieron de precio mínimo un 100% y, de nuevo, colas ridículas para comer fuera de casa. Llega el día del padre, e igualmente, sin las flores, no falta la publicidad estereotipando a los tatas machosos con corbatas, tacuches, zapatos muy formales, palos de golf e implementos deportivos. Nos saltamos hasta septiembre, cuando llega el feriado de la independencia, que implica que varios menús se vuelven patrióticos, las ventanas de carros y casas se enorgullecen con banderas y, claro, se gasta por el feriado o por los uniformes para el desfile. Ojo, que el que en julio y agosto no haya algo (está la feria capitalina), todo el año se celebran cumpleaños que, cuando menos, implican alguna junta pequeña en que no puede faltar el guaro, sin dejar de mencionar a las típicas madres angustiadas porque su angelito tenga la fiesta más cara y demostrativa (para las demás mamás) sobre cuánto, cuánto quieren al nene. Y vaya si no se vuelve competencia...En octubre está Halloween: parranda y disfraces justo antes del fiambre en noviembre, claro, que implica muchos, muchos suplementos de ofertas con conservas, latas, embutidos finos y, no falta ya, hasta la versión exótica de fiambre tailandés en alguna deli caquera. Fin de año es de fiestas decembrinas que, por lo general, se aprovechan del cristianismo para vender y vender y vender y vender: el ponche para las posadas, tamales, regalos para los más conocidos posibles, convivios, chupes, juntas, estrenos de ropa, la fiesta de año nuevo, las cenas, todo con su consecuente dosis de melancolía, depre o frustración porque la plata no alcanza u orgullo porque hasta sobra... Regresa enero y otra vez el día de reyes, acompañado de mochilas, libros, cuadernos y uniformes. Y así sigue, ad eternum, el ciclo que termina Galeano describiendo como igualador y desigual: igualador en las ideas y en las costumbres que impone, y desigual en las oportunidades que brinda.

Esta fue mi columna semanal No. 29 para Siglo21, publicada el martes 25 de octubre de 2011. El texto publicado en la edición impresa difiere del acá transcrito, por edición del personal del diario. El enlace para el sitio web de Siglo21 es http://www.s21.com.gt/vida/2011/10/25/consumir-consumir-consumir

lunes, 17 de octubre de 2011

L’AMOUR FOU


Mi relación con el cine, me temo, es de absoluta dependencia. Es mi escape favorito –leo, claro, lo disfruto y necesito, pero una lica toma menos tiempo y, en estos días, el tiempo es mi reto– por lo que me frustra sobremanera que el 99% de las salas de cine locales sean destinadas exclusivamente a proyectar explosiones digitalizadas. Lo entiendo, ni modo, pero nada me haría más feliz que un cine que se dedicara al arte, como el Angelika Film Center o el Landmark’s Sunshine Cinema, ambos en NYC. Al menos, del 9 al 22 de septiembre recién pasado se llevó a cabo el “15º Tour del Cine Francés”, en esta ocasión en Cinépolis. Un alivio, la verdad. Pese a que únicamente me di tiempo de ver tres películas, valieron la pena. “Le Nom des gens, con la que se cerró el tour, es de los mejores filmes que he visto en mi vida, con todo y ser una comedia romántica bastante efectiva como tal, aunque profunda y transgresora a niveles inimaginables. “Potiche” me decepcionó, no sé si por sosa (que lo es), pero más creo que la presencia de Catherine Deneuve y Gérard Depardieu, según yo, prometía; al menos, eso sí, me dio el raro gusto de ver una lica en donde los protagonistas no sólo son dignamente sesentones sino parecen dignamente sesentones y viven historias dignas de dignos sesentones, cosa que no ocurre en el cine hollywoodense. La tercera fue “L’amour fou” un documental sobre Yves Saint Laurent, uno de los diseñadores de moda esenciales, cuya existencia rescata el concepto de que la creación de ropa puede bien ser una disciplina artística más. La lica es, justamente, sobre amores locos: el amor entre Pierre Bergé e Yves Saint Laurent, el amor de YSL por su trabajo, el extremo amor de ambos por el arte y la arquitectura, el amor del mundo por su talento. Sin ser una retrospectiva rigurosa sobre la carrera de YSL, es un relato suficientemente detallado y comprensible sobre ambos personajes y, sobre todo, un importante ejemplo de cómo el éxito y el dinero son ajenos a la felicidad y la infelicidad. Dos momentos destaco: el magno desfile de 300 modelos con los diseños más representativos de YSL ocurrido durante la final del mundial de fut en Francia 98 (curioso contraste) y, ya muerto Yves, la subasta en Christie’s de una parte sustancial de su colección privada de arte, con la que se recaudaron alrededor de 342 millones de Euros entre una deliciosa orgía de Picassos, Matisses, DeChiricos, Warhols y Kandinskys.

Esta fue mi columna semanal No. 28 para Siglo21, publicada el martes 18 de octubre de 2011. El texto publicado en la edición impresa difiere del acá transcrito, por edición del personal del diario. El enlace para el sitio web de Siglo21 es http://www.s21.com.gt/vida/2011/10/18/l-amour-fou









lunes, 10 de octubre de 2011

MÁS BONITA QUE NINGUNA

Abre su bolso nuevo –grande, caro y nude, que combina perfectamente con sus zapatos caros y nude– y saca las pastillas que le quitan el dolor de cabeza causado por el dolor de estómago que le dan las pastillas para adelgazar. Odia el malestar físico y el humor cambiante que le da su coctel matutino: una pastilla para cada cosa que no le gusta de sí misma. Pero prioridades son prioridades. Tiene veintinueve, una cara hermosa de ojos amenazantes y un nudo en la garganta con el que se acostumbró a vivir. No durmió bien anoche. Era jueves, o sea, día de salir al lugar donde se debe ir los jueves, si no a pescar marido (eso está resultando difícil), al menos a que la gente que importa la vea sonreír para que la soltería no parezca trágica. Regresó casi a las cuatro, confirmada su teoría de que es imposible llevarse bien con otras mujeres porque todas la envidian. Abre otra vez su bolso y saca los cigarros. No suele fumar temprano pero le gana el impulso. Anoche bebió y fumó demasiado, mientras su mejor amigo (que lo es prácticamente por default) se encerró con otro chavo en el baño del lugar. Mientras tanto, sola por casi una hora, charló y sonrió frente a frente con quien pudo, sin que alguien le pidiera su número. Fumando, piensa que la asquea su amigo. Ella sólo ha tenido sexo con dos hombres. Uno fue su único novio, con quien nada más disfrutaba la idea de un futuro seguro. El otro, su amante casado, con quien lo prohibido era la gracia. Originalmente el novio perdonó su indiscreción, aunque de pronto reconsideró su postura y decidió oficialmente ser su ex. Así pasó, como todos los hombres de su vida, a la lista de exes: expapá, examante, exnovio, futuro examigo. Abre el bolso y saca un espejo. Se retoca el maquillaje. Se ve a sí misma verdaderamente horrible. Todo está gordo: los cachetes, la nariz, la papada. En el espejito no se ven sus brazos ni sus piernas ni su barriga, pero siente la maldita gordura apretarse contra el pantalón talla cuatro. De nada sirvieron las lipos. Sin ellas, claro, todavía sería la gorda solitaria de la secundaria. Ahora es la solitaria que se siente gorda. En el espejo no encuentra ni lo que fue, ni lo que es, ni lo que quiere ser; sólo escalofrío y una inexplicable sensación de encierro. No se da cuenta de que los zapatos y el bolso y las pastillas y los cigarros y el amigo gay y el marido que no llega y el maquillaje y el espejo y las lipos y la mensualidad del audi son una cárcel que cada día la vuelve más infeliz. Cadena perpetua, seguramente.

Esta fue mi columna semanal No. 27 para Siglo21, publicada el martes 11 de octubre de 2011. El texto publicado en la edición impresa difiere del acá transcrito, por edición del personal del diario. El enlace para el sitio web de Siglo21 es http://www.s21.com.gt/vida/2011/10/11/mas-bonita-que-ninguna

El texto de esta columna constituye una versión resumida de un cuento originalmente escrito en 2008. El cuento completo puede ser leído en http://juanpensamientovelasco.blogspot.com/2010/10/tu-carcel-de-bolsos-y-otros-articulos.html


martes, 4 de octubre de 2011

IDEAS QUE NUNCA PASAN DE MODA

Las personas con sobrepeso jamás deben usar rayas horizontales, porque se ven más gordas (ser gordo es feo). Las mujeres muy bajitas nunca deben usar faldas a media rodilla, porque se ven todavía más chaparras (ser chaparro también es feo). Los pobres son pobres por haraganes (no importa, claro, que por lo general su día comience de madrugada para poder alimentarse). El café chocolate y el azul marino no deben mezclarse con negro (ambas combinaciones me gustan). Los profesionales serios deben usar tacuche completo, ellos, y traje sastre, ellas (en lo personal, prefiero un profesional que utilice el cerebro no importa qué tan chilera sea su corbata). Si uno no vota, luego no tiene derecho a reclamar (a ver si alguien me hace favor de informarme dónde pueden reclamar los que sí). Los hombres deben usar el pelo corto (o parecen mujercitas o hippies). La barba es para gente sucia (puedo asegurar que, aunque uso barba, por lo general la higiene y yo nos llevamos bastante bien). Usar faldas muy cortas es abrirle la puerta a los hombres para que te falten el respeto (pobrecitos los hombres y vos tentándolos). El cincho y los zapatos siempre deben ser del mismo color en los hombres (hay excepciones, si uno sabe jugar con los colores). Los zapatos, el bolso y el cincho deben hacer juego o, por lo menos, ser del mismo color en las mujeres (perdónalas, padre, porque no saben lo que hacen). La gente atea es mala y no tiene valores (en mi experiencia, las personas religiosas suelen tener los valores un cachito más confundidos, con o sin mala intención). Las bodas siempre deben ser de vestido largo (la gana de pretender estar en los Oscares, creo...). Sólo las fufurufas usan escote (si lo tenés, mostralo ¿y qué?). Yo era canche de chiquito (esteeeee...va). El negro es elegante y adelgaza (¿Sí sabés que igual te cuelga la timba, verdad?). Las colochas se ven desarregladas (pocas cosas se ven peor que un pelo tieso alisado a la fuerza). Sólo los pobres compran en paca (es verdad...¡mejor ni vayás!). La ropa de marca es de mejor calidad y lo fino se nota (¿Ya viste que dice “Made in Guatemala”?).

NOTA DE ANTI-DUELO: La muerte no siempre es triste, menos cuando quedan huellas de una vida en tantos ojos, mentes, paredes, espacios y corazones. Efraín Recinos nos dejó autografiada toda la ciudad y, por eso, ¡Gracias, maestro!

Esta fue mi columna semanal No. 26 para Siglo21, publicada el martes 4 de octubre de 2011. El texto publicado en la edición impresa difiere del acá transcrito, por edición del personal del diario. El enlace para el sitio web de Siglo21 es http://www.s21.com.gt/vida/2011/10/04/ideas-que-nunca-pasan-moda

lunes, 19 de septiembre de 2011

MEJOR QUE EL DIABLO SE VISTA SóLO DE PRADA...

Hace un par de semanas, antes del escabrosamente acéfalo evento de Miss Universo (costumbre cavernícola esa de todavía mercadear a la mujer como producto), un diario nacional publicó una foto promocional de la candidata guatemalteca, Alejandra Barillas, portando una variante del traje ceremonial de los cofrades de Chichicastenango. El atuendo fue diseñado por Giovanni Guzmán (cuyo trabajo desconozco) para ser utilizado en la fase de “trajes típicos” del concurso. Con respecto al solo traje, debo reconocer que éste se me antojó estéticamente agradable y la idea, hasta cierto punto, creativa. Sin embargo, limitarse a ver este asunto desde el único enfoque de “bonito” o “feo” me parece por demás errado. ¿Se imaginan acaso a una concursante dando vueltas vestida de sacerdote católico o de rabino judío? ¿O pintada con blackface, como mujer negra? ¿Entonces por qué no entender lo inapropiado –por decir lo menos – de una mujer ladina pavoneándose no sólo con un traje que pertenece a una etnia distinta a la suya, sino, encima, con un traje reservado exclusivamente a lo religioso? No es de extrañarse entonces, que la imagen generara, yo creo que merecidamente, reprimendas por parte de varias organizaciones indígenas como el Consejo Maya guatemalteco, quien consideró el hecho como una falta de respeto a los Pueblos Indígenas del país, además de aducir violación al Convenio 169 de la OIT. Por su parte, la Coordinación y Convergencia Nacional Maya Waqib’ Kej señaló que no debió actuarse en detrimento de la espiritualidad maya. La Coordinadora Nacional Indígena y Campesina, CONIC, a mi parecer, emitió algunos de los argumentos más sólidos, que me permito transcribir parcialmente: “Para la cultura maya solamente las autoridades pueden portar el traje ceremonial; los trajes ancestrales tienen un valor importante dentro de la cosmovisión maya, identidad y cultura de los pueblos ancestrales. El traje regional de las autoridades indígenas en este caso, es utilizado como exhibición sin respeto a los principios y valores que se mantienen en las comunidades. La moda con la que pretende ganar un concurso mundial de belleza, no beneficiará la reivindicación de los derechos de los pueblos indígenas de Guatemala; generará ingresos económicos mediante visitas turísticas, mientras que el pueblo indígena y maya continuará sumergido en la exclusión social y la pobreza.” Y es que eso último, me temo, dejando de lado a la Miss loquesea, es precisamente la farsa y la trampa de todo este pseudopatriotismo que empieza y termina cada septiembre: son pajas. Ni adornar con telas típicas los almacenes, ni ondear banderas en las ventanas, ni variar los menús de los restaurantes, ni marchar como soldaditos, ni disfrazar a los niños “de inditos” y ponerlos a jugar al mercado (claro, “los indígenas venden verduras y punto”) crea ni refleja, en absoluto, conciencia alguna sobre los verdaderos problemas de este paisito lleno de esclavos lameyugos y tiranos escupefaces.

Esta fue mi columna semanal No. 24 para Siglo21, publicada el martes 20 de septiembre de 2011. El texto publicado en la edición impresa difiere del acá transcrito, por edición del personal del diario. El enlace para el sitio web de Siglo21 es http://www.s21.com.gt/vida/2011/09/20/mejor-que-diablo-se-vista-solo-prada







lunes, 12 de septiembre de 2011

DE ESTIRONES FACIALES Y SEÑORAS DE LAS CUATRO DECADAS


Hasta hace poco más de veinte años, las actrices y modelos parecían condenadas a quedarse sin trabajo pasados los cuarenta. Hoy por hoy, al contrario, la mayoría de “estrellas” mejor pagadas, son cuarentonas o cincuentonas: Sandra Bullock tiene 47, Naomi Campbell, 41; Nicole Kidman, 44; Jennifer Lopez, 42; Halle Berry, 45; Madonna, 53…hasta Paulina Rubio o Thalía, ya cumplieron las cuatro décadas tan insufriblemente berreadas por Arjona. Y, sin embargo, contrario a lo que podría pensarse, tampoco podemos hablar de una mejora verdadera en cuanto a la aceptación de las mujeres a mayor edad. ¿Por qué? Fácil: ¿Cómo se ven estas mujeres? Como veinteañeras, la mayoría...y no necesariamente por sus genes. Digo, no es que sea malo cuidarse y ejercitarse, pero estas chavas, en mayor o menor grado, se han visto claramente forzadas a alargar su “juventud” para mantener el estatus. Sin ir muy lejos, hace un par de semanas Madonna llegó al estreno de su segunda lica como directora (risas grabadas) en la Mostra Internazionale d'Arte Cinematográfica di Venezia con una cara bastante ¿cómo decirlo? retocada, tal vez, si es que a Lyn May le puede aplicar ese mismo eufemismo. Cabal: Esta tipa, ícono pop de rebeldía femenina, mujer que a lo largo de casi 30 años puso en la mira de todo el mundo, desde güiros y güiras hasta abuelos y abuelas, cuestionamientos y desafíos a la virginidad, al aborto, a la represión sexual femenina, a la masturbación; que comparó un orgasmo con una oración a dios; que puso de moda desde encajes y crucifijos hasta cejas negras; que se empelotó en un libro entero, se acostó con quien quiso, fue madre soltera porque se le dio la gana; que pasados los cincuenta todavía se conecta a cuanto jovencito le atrae sin andar pidiendo perdón...ella cayó también en el juego de verse joven para seguir relevante y reproduce esa necesidad consumista de "la belleza" para que se la crean hasta quienes no se la pueden pagar. Por supuesto, no se trata tampoco de pensar “ay, pobrecitas”, porque esta mara bien que se gana buen billete por retardar sus arrugas. Rebosantes de fama y aparente juventud como el Augusto de Hesse o el Dorian Grey de Wilde, lo seguro es que varias generaciones de parientes suyos no pasarán hambre y supongo que a ellas con eso les basta. Quienes lean esto, sin embargo, por más que desearan imitar el estirón facial para ser “bellos” (o lisos, al menos), aparte del gasto no se verán privilegiados con varios milloncitos de dólares al mes, así que aguas. Mejor optemos por las cremas y la dignidad de una pata de gallo ganada a fuerza de carcajadas, que para la risa pocas cosas son mejores que cualquier intento de Madonna en el cine.

Esta fue mi vigésima tercera columna semanal para Siglo21, publicada el martes 13 de septiembre de 2011. El texto publicado en la edición impresa difiere del acá transcrito, por edición del personal del diario. El enlace para el sitio web de Siglo21 es http://www.s21.com.gt/vida/2011/09/13/estirones-faciales




lunes, 5 de septiembre de 2011

REGULANDO LA PERFECCIÓN II

Hace unos meses acompañé a una de mis amigas más queridas a tallarse el vestido que usaría para la ceremonia de su matrimonio civil. Ella es una mujer alta y voluptuosa, de complexión gruesa; ciertamente no una sílfide y así, tal cual es, es guapa y pegue nunca le faltó. Ese día, un familiar suyo, con supuestas buenas intenciones, le comentó que sus brazos se veían demasiado gordos y, por lo tanto, necesitaría cubrirlos...aparentemente ningún invitado debe ser condenado a soportar la visión de una novia de miembros gruesos. Por supuesto le contradije y aseguré a mi amiga que se veía hermosa. Con todo y todo, me puse a pensar ¿De dónde salieron estas ideas de que tenemos que ser tan “perfectos” como los modelos en los anuncios? ¿Será que es porque en las fotos no se les ven gorditos bajo los brazos ni arrugas en las rodillas? ¿A quién es a quien conviene vendernos estas imágenes? ¿Por qué lo permitimos? Lo curioso es que ni siquiera los modelos son tan perfectos y, encima de que muchas veces arriesgan su salud para adaptarse a la delgadez que les exige el mercado, todavía les hacen la gracia de retocarlos hasta quedar imposibles. En 2009, la compañía de moda americana Ralph Lauren se vio envuelta en un escándalo, cuando en su publicidad utilizó fotografías ridículamente retocadas de las modelosValentina Zelyaeva y Filippa Hamilton. Hamilton, por cierto, había sido despedida meses antes...por ser talla 4, considerada, por tanto, gorda. Lauren, acorralado luego de evitar tocar el tema y amenazar con demandas por utilizar sus fotos sin permiso, se disculpó públicamente, aduciendo un error de criterio. El año pasado ocurrió lo mismo con la marca Ann Taylor, quien al final terminó promoviendo que personas reales enviaran fotografías caseras modelando sus prendas. Hace dos años, la parlamentaria francesa Valérie Boyer propuso en su país una ley que obligaría a que todas las fotografías publicitarias indicaran, de ser el caso, que fueron retocadas. Según Boyer, le preocupaba que sus hijas adolescentes no sólo se vieran presionadas socialmente por ser delgadas, sino que encima su entorno estuviera cundido de imágenes transformadas digitalmente para negar cualquier rastro de imperfección. Por su parte, en el Reino Unido, un grupo de más de 40 académicos recomendó prohibir los anuncios publicitarios retocados dirigidos a menores de 16 años, aduciendo que existe correlación entre conductas no saludables en jóvenes y la exposición constante a modelos digitalmente alterados. La Doctora Helga Dittmar de la Universidad de Sussex, una de las autoras del informe, indicó que dichas imágenes crean un efecto perjudicial en cómo las niñas y mujeres perciben sus propios cuerpos. Y yo, en lo personal, diría que los hombres no estamos exentos de ello. Hace ya 2 años la revista ELLE francesa lanzó una edición completa de fotografías sin retoque. En la portada posaban Monica Bellucci, Eva Herzigova y Sophie Marceau, no sólo sin retoque sino sin rastro de maquillaje, bellísimas las tres. De todo esto, claro, ya hace dos años y ni las propuestas prosperaron ni la edición de la revista fue imitada por alguna otra.

Esta fue mi vigésima segunda columna semanal para Siglo21, publicada el martes 6 de septiembre de 2011. El texto publicado en la edición impresa difiere del acá transcrito, por edición del personal del diario. El enlace para el sitio web de Siglo21 es http://www.s21.com.gt/vida/2011/09/06/regulando-perfeccion-ii


NOTA: Aunque estas fotografías parezcan falsas, son efectivamente las usadas en las campanas publicitarias indicadas. Ello es fácilmente verificable de distintas fuentes, accesibles a través de internet.