lunes, 12 de marzo de 2012

47 CRITICAR

"Pointed Finger" de Roy Lichtenstein (1973)

Por casi la totalidad de dos mil once estuvo de moda criticar –de la forma más ponzoñosa y burda posible y, de preferencia, evitando argumentos sustentables, aunque los hubiera– al expresidente y a su exesposa. Que si él era la antítesis de la masculinidad, que si janano, que si tibio. Que si ella era muca, shuma, cholera, guerrillera, corriente, cualquiera, maldita, bruja, perra, con peinado pasado de moda, con cara de mono, con ropa espantosa y zapatos que no combinaban. Que si el divorcio era la quintaesencia de la inmoralidad. Cualquiera que no compartiera esos insultos ad hominem (aunque buscara, en todo caso, razones verdaderamente objetivas para criticarlos) era tachado de partidario de ese régimen del mal, de antipatriota. A como son las cosas en Guatemala, el país de la eterna doble moral, un año después pareciera que la misma gente que meses atrás no se tentaba el alma para atacar ferozmente la apariencia física de esa mujer se da ahora golpes de pecho indignada, escandalizada y aterrada porque algunos nos dimos la libertad de criticar y expresar nuestro desacuerdo con una campaña publicitaria convenientemente abanderada por un cantante nacido en Guatemala. Aunque las críticas que podrían ser útiles no debieran centrarse en meros gustos musicales ni en poesía alfabeta básica, hasta donde entiendo cualquiera tiene derecho de expresar su opinión sobre lo que se le ronque su mugre gana. Ese solo hecho debe ser incuestionable. En el caso que cito, es más, las críticas no han llegado –menos mal– a la fisonomía ni a los atuendos adolescentes del cantante, bajeza que sí ocurrió con la bien llamada sandrofobia. Ah, pero es que ella era una villana y, por el contrario, el cantante es un héroe: dicotomías de mentalidad infantil; nuestra trágica hambre de satanases y de mesías, todo muy ad verecundiam. En este país se cría a los niños con la idea de que tener opinión propia es pecado, que es mejor ser parte quietecita y callada de un rebaño que, tristemente, no es tan metafórico como debiera; a diario exigen que mejor veamos sólo lo bueno, porque lo malo, ush, lo malo es muy feo y no ayuda en nada señalarlo. Aunque le huímos y despreciamos la crítica como si toda fuera igual de vacua, no dudamos en revolcarnos en ella en su forma más barata y menos útil desde la comodidad de la hipocresía. Aquí, antes de tratar de entender el argumento, la gente se ofende si alguien dice “la campaña de Pepsi persiste en la invisibilización de la verdadera causa de los problemas nacionales” pero no duda en decir “ay, mirala como está de gorda y encima se pone ese escote de peperecha” mientras viperinamente mastica su desayuno cuchubalero. Criticar (no pelar) no es tan fácil como suelen decir; ciertamente, no es tan fácil como nunca criticar. No es fácil en su origen, porque requiere bastante más seso del que nos acostumbra la sociedad a usar; no es fácil en su resultado, porque conlleva la probable ignominia de quienes otrora fueran amigos y hasta algún grado de vergüenza familiar. Pero la crítica es el único primer paso para sacarnos del hoyo porque es el solo medio que tenemos para señalar los problemas. Hasta que no estemos claros sobre cuáles son nuestros clavos, no podremos aceptarlos ni empezar a buscar conjuntamente soluciones, que no le competen solamente a un sabio todopoderoso, sino a todos. Es cuestión de irnos acostumbrado a debatir, a ver más allá del dedo que señala. Y no va a ser fácil, porque a varias generaciones les quedó tatuado el miedo de intentarlo. Y ese miedo se volvió pereza. Y henos aquí.


Esta fue mi columna semanal No. 47 para Siglo21, publicada el martes 13 de marzo de 2012. El texto publicado en la edición impresa difiere del acá transcrito, por edición del personal del diario. El enlace para el sitio web de Siglo21 es http://www.s21.com.gt/vida/2012/03/13/criticar


lunes, 5 de marzo de 2012

46 MUJERES


No, no me refiero a la canción de Ricardo Arjona, protagonista –y errado blanco, además– de la polémica de moda. Pretendo hablar, más bien, del Día Internacional de la Mujer, reconocido anualmente cada ocho de marzo. Esta celebración no ha logrado alcanzar en Guatemala el estatus popular de, digamos, el día del cariño o el de la madre, lo cual es, al mismo tiempo, malo y bueno. Malo, porque es reflejo de la invisibilidad en que se mantiene aquí el tema del perenne estatus de la mujer como ciudadano de segunda categoría, así como de la escasa importancia que los guatemaltecos le damos al asunto. Bueno, porque esta sigue siendo, por tanto, una celebración con carácter eminentemente político y no otra más “de moda”, bastardamente comercializada; los ochos de marzo una rosa regalada no debe bastar. Este 2012 la ONU ha elegido como lema para el Día Internacional de la Mujer “Habilitar a la mujer campesina – Acabar con el hambre y la pobreza”, en reconocimiento del papel fundamental de la mujer agrícola. Según ONU MUJERES, las mujeres constituyen el 43% de la mano de obra en el campo, cifra que, en ciertos lugares se eleva al 70%. La desigualdad entre los géneros y el acceso limitado al crédito, la salud y la educación son las principales dificultades que afrontan las mujeres rurales. Se calcula, por ejemplo, que el 60% de las personas con hambre crónica son mujeres y niñas. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura estima que si las mujeres tuvieran un acceso equitativo a los fertilizantes, las semillas y las herramientas, la cantidad de personas hambrientas en el mundo se reduciría entre 100 y 150 millones. Cifras de miedo. En este país, sin embargo, se sigue insistiendo, sin pena ni vergüenza, en que la “Ley contra el femicidio y otras formas de violencia contra la mujer” es una burrada izquierdista, por ejemplo. Cada ocho de marzo, además, se escucha y lee una sorprendentemente profusa cantidad de cutres comentarios menoscabando el reconocimiento, bajo la excusa de que no existe un Día Internacional del Hombre. ¿Que cuándo va a existir el Día Internacional del Hombre? Pues yo como hombre apoyo que exista cuando las mujeres nos dominen, nos embaracen y nos dejen solos con la carga; cuando nos prohíban hacer lo que nos plazca con el cuerpo pero nos exijan vernos bonitos a su gusto y conveniencia; cuando nos prefieran calladitos, sin alegar ni contradecir; cuando a los hombres se nos prohíba ser ministros de la religión que de todas formas nos obligan a profesar; cuando nos vean las chiches o las nalgas en lugar de escucharnos; cuando nos paguen menos por igual trabajo; cuando regresemos cansados del trabajo y aún así estemos inevitablemente forzados a preparar almuerzos, cenas y refacciones, a lavar ropa y trastos y, con todo eso encima, se nos juzgue responsables por el bienestar del hogar; que se celebre cuando las mujeres nos críen para servirlas y nos golpeen por no hacerlo como les gusta. Ese día, sí.


Esta fue mi columna semanal No. 46 para Siglo21, publicada el martes 6 de marzo de 2012. El texto publicado en la edición impresa difiere del acá transcrito, por edición del personal del diario. El enlace para el sitio web de Siglo21 es http://www.s21.com.gt/vida/2012/03/06/mujeres



lunes, 27 de febrero de 2012

45 PELO SUELTO


Había originalmente planeado ignorar los premios de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas –los Óscares, que les llamamos; evento que conjuga lo supuestamente mejor del cine con lo supuestamente mejor de la moda– por distintos motivos entremezclados. Primero, por juzgarlos ya un tanto irrelevantes y tirados a lo comercial; no es ningún secreto que esto ciertamente no es el Festival de Cannes (que sigue conservando su prestigio) y la inclusión de más de cinco licas en la categoría de Mejor Film responde, básicamente, a la necesidad de que más gente sintonice la premiación, por todo el dinero que eso conlleva para la televisora y para la Academia. Segundo, porque de varios años para acá (y esencialmente gracias a Harvey Weinstein, cuando dirigía Miramax) tanto las nominaciones como los premios más bien responden a las millonarias campañas publicitarias efectuadas con ese propósito. Es muy raro que se nomine a algún actor por quien la productora no ha gastado su buena plata para ponerlo en la mira de los miembros de la Academia sea con fiestas, proyecciones particulares, publicaciones en medios o vallas en lugares específicos. Tercero, porque las mugres salas de cine en Guatemala no suelen proyectar las películas nominadas, así que la opción es o no verlas o verlas en la tele y yo este año no he visto casi ninguna. Cuarto, porque hasta la alfombra roja ya no me hace tanta gracia desde que las actrices cuentan con ejércitos enteros que les seleccionan desde el color de uñas hasta el vestido “perfecto”, con tal de no salir en los bobos (aunque a veces divertidos) listados esos de las peor vestidas. La individualidad y la personalidad en cuanto a la ropa en ese foro, pasa entonces a un plano nada relevante. Pensado y dicho todo eso, de todos modos, me ganó la curiosidad y me puse a verlos. No pasó mucho tiempo para que –sin negar todo lo ya dicho– me diera cuenta que cierto halo de magia flota y persiste todavía en ese teatro que, consumismo aparte, reúne bajo un techo talento, visión y amor por el cine. Algo que llamó particularmente mi atención fue que Viola Davis, justamente nominada en la categoría de Mejor Actriz, eligiera llevar, en lugar de peluca o extensiones como casi toda mujer negra estadounidense, su pelo natural, corto y rizado. Considerando que la industria de belleza para el pelo dirigida a mujeres afroamericanas mueve alrededor de nueve mil millones de dólares anuales sólo en EUA y que se insiste en imponer a las mujeres negras el pelo liso y la piel clara como ideales de belleza, ese sencillo hecho tuvo más relevancia política que los 146 minutos que dura The Help.


NOTA DE DUELO: Deleznable que Pepsi haya logrado censurar el viernes recién pasado el programa “Espacio Intergeneracional” en Radio Nuevo Mundo para evitar que se criticara la campaña de Guatemorfosis. Por mi parte, no vuelvo a comprar producto alguno relacionado con esa embotelladora.


Esta fue mi columna semanal No. 45 para Siglo21, publicada el martes 28 de febrero de 2012. El texto publicado en la edición impresa difiere del acá transcrito, por edición del personal del diario. El enlace para el sitio web de Siglo21 es http://www.s21.com.gt/vida/2012/02/28/pelo-suelto




lunes, 20 de febrero de 2012

44 ESPERANDO PARA EXHALAR

No estoy seguro si alguien se acordará todavía de “Waiting to exhale”, el título de una de esas abundantes en-su-momento-muy-de-moda-pero-rápidamente-olvidables licas hollywoodenses. Esta en particular, noventera, con la actuación estelar de Whitney Houston y Angela Bassett, hacía una falseada alharaca del empoderamiento femenino, reduciendo la libertad de las mujeres a atreverse a dejar a un hombre para dedicarse empecinadamente a buscar otro; dios guarde quedar solteras. Me recordé de esa cinta –como pude pensar en cualquier otra, supongo– porque me pareció extremadamente curioso e irónico que en cuestión de pocos días a. Nuestro presidentón Pérez se pronunciara [vagamente] a favor de la despenalización de las drogas; b. El escandalizado gobierno de los Santos Estados Unidos de América de los Últimos Días le jalara las orejas casi antes de que siquiera terminara de hablar y c. La Whitney Houston culminara con la cabeza entre el agua su [mucho más largo de lo esperado] festín de alcoholes, coca y crack. En lo personal, no es que me quite el sueño el asunto, pero habría preferido que se muriera Celine Dion, cuyos gritos encuentro profundamente exasperantes; lástima que ella sí es niña buena. En fin, esas estrellitas como la Houston o Britney Spears o Paris Hilton o Nicole Ritchie o Lindsay Lohan reflejan en mucho, con todo y sus parciales y esporádicas redenciones salubres, la verdadera y muy tolerante política de los Estados Unidos con respecto a las drogas, misma que contrasta notoria y descaradamente con su persignada guerra contra ellas, de la cual Centroamérica y México terminamos convenientemente poniendo las víctimas y ellos, además de permitir que sus celebridades (las reales y las wannabes) se den la fiesta con cuanto estupefaciente se pueda, gozan también de los sabrosos réditos de la compraventa de armas que esa y toda guerra requiere. Leyendo el comunicado de la embajada de EUA dándole “pache, pache” en la manita a Otto Pérez, se me vino a la mente la imagen aquella de la genial obra de teatro “MOTA” (dirigida por Luis Carlos Pineda), en la que los gringos se alimentan, literalmente, como cerdos a costa de nosotros. Perfecta alegoría. Lo que me sigue causando retortijones de tripas ha sido la creciente ola de posturas moralinas que insisten en ver a toda droga cual obra demoníaca, como si, al menos las más comunes, no fueran exactamente la misma babosada que echarse uno o muchos tragos, sobre todo porque tenemos calles, carreteras, televisiones, redes sociales y tiendas de barrio cundidas de atractivas mujeres en bikini convenciendo a los patojos para que se pongan hasta el peine, pero solamente con roncitos y chelas. Espérense para exhalar, pues.




Esta fue mi columna semanal No. 44 para Siglo21, publicada el martes 21 de febrero de 2012. El texto publicado en la edición impresa difiere del acá transcrito, por edición del personal del diario. El enlace para el sitio web de Siglo21 es http://www.s21.com.gt/vida/2012/02/21/esperando-para-exhalar





lunes, 13 de febrero de 2012

43 CUCHARADAS DE AZÚCAR

De entre las innumerables opciones de cine que se lanzan cada año son pocas las cintas que logran trascender en el gusto del público masivo y ponerse de moda. De esas, son todavía menos las que no se limitan a explosiones, diálogos monolineales o carcajadas baratas. Una de las sorpresas de taquilla del año pasado (en EUA, pues) fue The Help de Tate Taylor, un drama bastante ligero sobre la discriminación a la servidumbre en el Mississippi previo a la Ley de Derechos Civiles de 1964. The Help cuenta con un libreto relativamente aguado pero con un reparto por demás maravilloso que le da fuerza a la historia. Eso no quita que en ella el racismo se toma –siguiendo la recomendación de Mary Poppins– con bastantes cucharadas de azúcar. Roger Ebert (mi crítico favorito) acertadamente señala que es “un filme seguro sobre un tema volátil, una fábula para sentirse bien, una historia que involucra dolor pero a la que no le interesa ser demasiado dolorosa.” Sin haber leído la novela de Kathryn Stockett en que se basa la lica, la adaptación, creo, se enfoca en malvados villanos racistas, pero no nos confronta a nosotros mismos como posibles racistas. Escribo sobre The Help porque aunque [como cualquier película semidecente] ni por fregar se ha asomado a los cines locales, ya medio mundo la ha visto en su casa (pidateada, clado) y me parecen particularmente interesantes las reacciones de corazones conmovidos por el racismo gringo anti-afroamericano de los años sesenta, cuando muy pocos aquí se cuestionan el propio. Hace meses, una amiga muy querida me compartió el estatus de Facebook de una conocida suya, mujer casada en sus treintas, ex-estudiante de un colegio católico para mujeres que escribía, entre angustiada y escandalizada, que su “muchacha” le había preguntado si era posible lavar su ropa en la lavadora de la casa. La tipa pedía consejos a sus amigas sobre cómo lidiar con el asunto. Una le escribía que definitivamente no, que no podía lavarse en el mismo aparato la ropa de la familia con la de la sirvienta; otra le recomendaba que lo manejara con cuidado, porque por darle confianza la muchacha se volvería abusiva; otra, que sí (porque si no se le iba a ir) pero que le asignara un día específico en el que no se lavara ropa de la familia, para no mezclar virus, supongo. En otra ocasión, el esposo de una amiga manifestaba abiertamente su desagrado porque su hijo tuviera contacto con el corte de su nana, por lo que la obligaron a usar uniforme. Náusea aparte, no es tan poco común que en las casas de clase media y alta guatemaltecas, las personas del servicio deban mantener por aparte sus platos y cubiertos, ¿o sí? Ni es innegable que la mayoría de indígenas están destinados por su origen y circunstancias a ser peones o sirvientas ¿o sí? ¿No es irónico, entonces, que nos dé tristeza una lica como The Help cuando día a día estamos rodeados de una realidad más trágica que es actual y que sí es nuestra?






Esta fue mi columna semanal No. 43 para Siglo21, publicada el martes 14 de febrero de 2012. El texto publicado en la edición impresa difiere del acá transcrito, por edición del personal del diario. El enlace para el sitio web de Siglo21 es http://www.s21.com.gt/vida/2012/02/14/cucharadas-azucar







lunes, 6 de febrero de 2012

42 GUATE¿MORFOSIS?

En Guatemala estamos acostumbrados a que todo se quede en las puras intenciones y por eso nos gusta pensar que las solas intenciones son suficientes. En lugar de combatir el machismo o los estereotipos obsoletos de lo que debe ser una “buena esposa”, para luchar contra la violencia intrafamiliar a los guatemaltecos les gusta bailar al ritmo de Olga Tañón o formar corazones en la cima de un volcán. Para no gastar tiempo en preocuparse por las causas reales de la falta de educación, nutrición y salubridad en los niños, la mara se siente casi santa comiéndose una hamburguesa o regalando algunos quetzales para ver en vivo a artistas de Televisa. Y ay de aquél que ose cuestionar esta pseudo-vocación colectiva de madre Teresa, porque se la verá, mínimo, tachado de “resentido” y probablemente hasta sujeto a la ignominia y al escarnio de esta sociedad rebuznante que seguramente no tiene ni “ignominia” ni “escarnio” en su vocabulario. Mientras tanto, todo sigue perennemente igual. En fin, en estos días en que está de moda Ricardo Arjona, noble y súbito orgullo nacional, me surge esta nueva ráfaga de necesidad de decirle a la gente que no sea mula. Dudo yo que Ricardo Arjona sea la persona ideal para hablarnos tan dulcemente de la delicia de las tortillas o de no fallarle a Guatemala. Por supuesto sé que quizá dice cosas que suena bonito escuchar…pero ¿De él? ¿En serio? ¿Alguien supo de Arjona en las elecciones recién pasadas, pues? ¿Habrá votado? ¿Se pronunció públicamente en algún momento a favor de algún candidato o sobre la ola de violencia que se vive aquí o sobre cualquiera de los otros problemas que no cesan? ¿Cuándo fue su último concierto en Guatemala? ¿Qué hará por sus fans que no pueden pagar los Q200 de la entrada más barata? Y a ver: a mí no me gusta la música repetitiva de Arjona y menos sus letras todas llenas de rimas, paradojas y oxímoros indignos hasta de Capulina, pero eso es otro tema. Esto que critico se enfoca en esa maña que tenemos de dejarnos calar por campañas publicitarias superficiales y vacías –y en este caso, de una gaseosa, ni más ni menos – como la terrible canción aquella de “Orgulloso de ser chapín” que perversamente (porque no es ingenuamente) limita la experiencia de esta difícil guatemalidad a ladinos, marimbas, tamales y volcanes. Arjona hizo bien en irse a encontrar el éxito a otra parte y buena onda que le vaya bien haciendo lo que le gusta. Quizá su intención sea noble, pero ya dije lo que pienso de las meras intenciones. A nosotros nos toca pensar y cuestionarlo todo. Si lo hiciéramos, ciertamente ésta no sería la misma porquería; yo cantaría un rap y esta columna no existiría.

Esta fue mi columna semanal No. 42 para Siglo21, publicada el martes 7 de febrero de 2012. El texto publicado en la edición impresa difiere del acá transcrito, por edición del personal del diario. El enlace para el sitio web de Siglo21 es http://www.s21.com.gt/vida/2012/02/07/guate-morfosis







41 CIRCUITO MODA GUATEMALA

Porque el lado creativo tiene muchas formas de expresarse y la moda puede ser una más de sus expresiones, en mi búsqueda personal de gente creativa he conocido, en los últimos años, a bastantes personas interesadas en desarrollar un mercado real de moda en Guatemala. Conozco a diseñadores, estilistas (¿o cómo se traduciría “stylist”?) y costureros, algunos más talentosos que otros, algunos más preparados que otros, algunos con más suerte que otros. Todos, eso sí, al igual que el sector de artistas visuales “emergentes”, se han dado cuenta de que trabajar juntos (al menos por el lado de la promoción) es más fácil que abrirse camino en soledad y, dado eso, se formó el “Circuito Moda Guatemala” que a finales de dos mil once realizó una semana de desfiles de moda, algunos retrospectivos, algunos otros promocionando nuevas colecciones. Aplaudo eso y aplaudo a mis amigos que participaron. De momento, algo que considero negativo llamó mi atención y creo importante expresarlo: El Circuito Moda Guatemala está por llevar a cabo una selección de modelos para participar en la próxima ronda de desfiles en la que, según entiendo, se presentarán colecciones de ropa para la temporada fría de fin de año. ¿Los requisitos para las modelos mujeres? Medir más de 1.65 metros sin tacones y usar tallas de cero a dos. En lo personal, aunque habrá más de alguna, no me siento rodeado de mujeres con estas características y, definitivamente, no es aventurado asegurar que la mujer promedio guatemalteca no se ve precisamente así. Como he comentado en varias otras columnas, el mundillo internacional de la moda, por algún motivo que sigo sin entender, se ha encargado de promover estereotipos de belleza irreales, incluso para mujeres de países del primer mundo. Ropa que casi sólo pueden costearse mujeres en sus treintas es promocionada, inexplicablemente, por niñas de menos de diecisiete, por lo general más escuálidas que las chicas normales de su edad. Aquí en Guatemala apenas estamos comenzando en esto y se tiene la oportunidad de no caer en errores como ese. ¿Vale la pena imitarlos? ¿Quiénes van a ser sus clientas, en realidad? ¿Sólo amazonas tipo la Bundchen? ¿O es que sólo las mujeres altas y flacas son hermosas? ¿Y si mejor empezamos a fomentar el autoestima de las mujeres guatemaltecas tal como son? Ojo, que no estoy planteando soluciones o respuestas. Quizá yo no las tenga. Lo que sí tengo, son preguntas; y creo que todos debemos tenerlas y, más importante que eso, hacerlas. Pero “porque así lo hacen los demás” no es respuesta. Yo así, no apoyo.


Esta fue mi columna semanal No. 41 para Siglo21, publicada el martes 31 de enero de 2012. El texto publicado en la edición impresa difiere del acá transcrito, por edición del personal del diario. El enlace para el sitio web de Siglo21 es http://www.s21.com.gt/vida/2012/01/31/circuito-moda-guatemala

40 DE MODA Y PRIORIDADES TRASTOCADAS

Previo a la toma de posesión del nuevo gobierno, por algún motivo que sigo sin comprender en uno de los diarios nacionales de mayor circulación fue publicado que el 14 de enero Otto Pérez Molina vestiría un traje marca Ferragamo y Roxana Baldetti Elías usaría Chanel y Carolina Herrera. Días después, Baldetti, en una entrevista para este medio, comentó, aparte de que usa bótox para no verse enojada, que sus atuendos “no son de las marcas que se mencionaron antes ni tan grandes como dicen. Pero tampoco tan sencillas.” El asunto despertó variedad de comentarios en las redes sociales, la mayoría superando con creces, como era de esperarse, la superficialidad de la nota original. Un debate (a falta de mejor término) que me llamó la atención, sin embargo, versaba sobre el derecho que tienen ellos de ponerse lo que se les dé la gana siempre y cuando fuera con su propio dinero que hubieran comprado sus trapitos. A mí, para empezar, me parece patético que información como esa salga en la sección de “nacionales” de un medio que se considera a sí mismo respetable. ¿Por qué? Porque en realidad a nadie debería importarle qué ropa usan los gobernantes, sobre todo cuando ciertamente no estamos hablando de estrellitas de cine en el estreno de su nueva lica. Por otro lado, es definitivo que nunca sabremos de dónde salió esa ropa, porque de haber sido comprada con pisto público, jamás lo va alguien a decir. No olvidemos que en dos mil ocho la misma Baldetti se quedó sin dar pistas de cómo financió la compra de su casa de playa en Marina del Sur, para la cual habría debido destinar, en ese entonces, el cien por ciento de su salario como diputada por doce años. Es innegable que este tipo de asuntitos se ven beneficiados por esta memoria colectiva que tenemos, tan defectuosa como la de Drew Barrymore en “50 first dates”. De cualquier forma, aún si los atuendos corrieron a costa de sus propios bolsillos, ¿Cuál es el objeto de alardear sobre las marcas de la ropa? ¿Hay algo más estúpido y wannabe?¿Y no es ridículamente desconsiderado, tomando en cuenta que se trata de gobernantes de un país de tercer mundo que, encima de eso, toman el poder en condiciones financieras precarias? Nuestra obligación y derecho como ciudadanos – y lo único verdaderamente positivo que podemos hacer, en lugar de esperar que un presidente nos mejore la vida – es actuar como fiscalizadores y críticos constantes. Estas personas son empleados nuestros, no nuestros monarcas elegidos por la divinidad, con el perdón de Patricia de Arzú.
NOTA: En extremo lamentable, de varias formas, la columna del señor José J. Camacho del sábado recién pasado.


Esta fue mi columna semanal No. 40 para Siglo21, publicada el martes 24 de enero de 2012. El texto publicado en la edición impresa difiere del acá transcrito, por edición del personal del diario. El enlace para el sitio web de Siglo21 es http://www.s21.com.gt/vida/2012/01/24/moda-prioridades-trastocadas

39 DESEOS PARA 2012 (PARTE II)

Esta semana ya el tráfico regresó a su agobiante normalidad; los niños y niñas van bostezando uniformados, muy temprano, en carros, buses escolares y camionetas, sobrecargados los pobres con una exageradamente innecesaria cantidad de “útiles” comprados con sobreprecio. Las planillas de IVA ya fueron enviadas y los pocos que tributamos esperamos ansiosos alguito de vuelta. El tema de moda, del que todos hablan desde sus casi siempre limitados –cuando no convenencieros– puntos de vista es del nuevo gobierno. Yo, por mi parte, termino lo que empecé la semana pasada y completo mi lista de deseos para este dos mil doce: Deseo que vengan muchos momentos de feliz soledad, otros de sabrosa compañía y algunos de divertida comunidad, siempre en la dosis en que cada cual se sienta correcta. Deseo que sepamos distinguir quiénes y cuáles son nuestras fuentes de apoyo y que seamos lo suficientemente humildes para saber cuándo necesitamos avocarnos a ellas y, sobre todo, que tengamos la fortaleza para decir “vos, ayudame”. Deseo que nos abunde la inteligencia para saber cuándo nos toca ser el aprendiz y cuándo nos toca ser el maestro y cuándo somos todos sólo compañeros, y que sepamos asumir el rol que toque con toda la enjundia que se requiera. Deseo que encontremos fuerza y seguridad para marcar nuestros límites –ante todos, incluyendo familia y amigos– con la suficiente claridad (decir “comé mierda” se vale) y que, al manifestarnos de la forma que sea, seamos escuchados; y que también estemos abiertos a escuchar a los demás y respetar sus límites. Nos deseo gratitud por todo lo que tenemos y valor para apretarnos las botas y aventurarnos por fin a explorar ese territorio desconocido que hace mucho queremos conocer, porque en lo nuevo es factible encontrar libertad y crecimiento. Como, por supuesto, no puedo dejar de lado la incertidumbre que cada cuatro años se viene con el presidente de turno y su casi siempre altamente-rotativo equipo de trabajo, transcribo algo de la columna de Carolina Escobar Sarti del sábado pasado: “Estamos tan acostumbrados al autoritarismo, al militarismo, a los caudillos y a los dictadores, que se tiene la impresión de que cuando no se ejerce el poder de manera autoritaria, no hay nadie en el timón del barco. Pareciera que, como ciudadanía, no sabemos ejercer la autonomía y mucho menos una convivencia más horizontal. Síndrome de infantilidad en un pueblo enfermo de opresión y terror.” De todo corazón nos deseo conciencia de esta realidad e inteligencia para remediarla.




Esta fue mi columna semanal No. 39 para Siglo21, publicada el martes 17 de enero de 2012. El texto publicado en la edición impresa difiere del acá transcrito, por edición del personal del diario. El enlace para el sitio web de Siglo21 es http://www.s21.com.gt/vida/2012/01/17/deseos-para-2012-parte-ii

38 DESEOS PARA 2012 (PARTE I)

Ya en estos días van los camiones de basura cargados de árboles exnavideños y de collares de pasas de manzanilla. La mara comienza a tratar de readaptarse a la rutina laboral que, aunque ni haya estado de vacaciones, rompió con un par de ricas semanas de relax. La moda por estas fechas es empezar dietas, nuevos estudios o dar marcha a toda sarta de planes bienitencionadamente ilusorios que probablemente no llegarán vivos a la semana santa. Por mi parte, a riesgo de sonar como uno de esos tipos new-age-escos o fanáticos de la autoayuda tipo Coelho, no puedo evitar que, por cliché que sea, la idea de un nuevo ciclo -aún cuando sea el calendario quien lo dicte- me salpique de buenos ánimos. Aprovecho, entonces, a compartir algunos deseos e intenciones para estos próximos meses, aunque en realidad, supongo, son más bien deseos de libertad para cualquier persona en cualquier momento de su vida: Deseo que en dos mil doce encontremos gustito y amor por todas y cada una de las partes de nuestro cuerpo, incluyendo aquéllas que ahorita nos provocan caras frente al espejo y que hacen que nos entrapujemos para esconderlas. Deseo que en dos mil doce encontremos humor en todo, hasta en lo que parezca inapropiado encontrarlo...y sí: pela cuán serio sea. Deseo que en dos mil doce siempre tengamos fe; sobre todo en esos momentos en que tenerla parezca estúpido o ingenuo. Deseo que en dos mil doce sintamos inagotable libertad para expresarnos de cualquier forma que nos dé la gana, desde cómo nos vestimos hasta cómo hablamos; cómo cortamos la lechuga o de qué colores nos rodeamos y cómo apretamos los dientes (o los deditos de los pies) durante el sexo...¡que seamos nosotros mismos sin pena! Deseo que en dos mil doce avancemos - siempre avancemos - pero sepamos distinguir tanto el ritmo adecuado para cada uno como la dirección que nos toca, porque cada quien tiene su propio camino y “el adelante” no siempre nos queda a todos enfrente; además, que no nos dé miedo sentarnos un ratito a descansar o a llorar, porque hacerlo también es parte de la jornada. Nos deseo en dos mil doce conciencia constante de nuestra conexión a ese algo más grande, sin importar si le llamamos “dios” o lo que sea ni qué tan desconectados nos sintamos unos de otros. Deseo que en dos mil doce aprendamos a decir "te amo" y "te quiero" sólo porque es la verdad, sin que nos preocupe ni un poquito la respuesta que pueda o no venir. (Continúo la próxima semana.)



Esta fue mi columna semanal No. 38 para Siglo21, publicada el martes 10 de enero de 2012. El texto publicado en la edición impresa difiere del acá transcrito, por edición del personal del diario. El enlace para el sitio web de Siglo21 es http://www.s21.com.gt/vida/2012/01/10/deseos-para-2012-parte-i

37 CUMBIAS Y CHUSMAS

Habré tenido seis o siete años cuando gracias a Don Eugenio –un vecino de la colonia en donde crecí y buen amigo de mis viejos– conocí el infeccioso placer de la cumbia mexicana. En el camino a Patzún, a donde seguido nos invitaba, casete tras casete sonaba imparable Rigo Tovar en su carro, mientras con ojos de ishto que rara vez salía de la capital admiraba uno los paisajes verdes de la carretera sin que faltaran, claro, los chistes por el esporádico e inconfundible olor a pedo de los huertos. Por los mismos años, Chico Che y su “¿Quen pompó?” era rola usual en los programas de videos musicales de los canales locales. Por supuesto, en mi fase grunge jamás se me ocurrió mencionar mi gusto por ese tucutún-tucutún tan inevitablemente bailable, pero allí seguía. Por mucho tiempo la cumbia, innegablemente ligada a lo popular, ha sido en Guatemala un feliz estandarte del movimiento artístico e ideológico que se reputa a sí mismo como contracultural. Este año, sin embargo, por esas cosas raras de la vida pasó algo que pocos habríamos imaginado: la cumbia se puso “de moda”. Por ahí de febrero recién pasado, el DJ Básico3 inauguró en el BarCentral sus “Miércoles de Cumbia” que comenzaron con asistencia de quienes solemos parrandear en el centro y cuyo público se fue extendiendo pantagruélicamente, hasta forzar a los organizadores a buscar recintos cada vez más espaciosos. Pero los cumbieros “originales” se sintieron desplazados y amenazados, prodigando numerosas muestras de rechazo a los “nuevos cumbieros”, reputándolos de fresas, falsos, poseros y demás. Algo de cierto habrá, eso ni dudarlo. Y sin embargo, en lo personal no me molesta su llegada (aunque yo mismo ya no vaya, por mi aversión a las moloteras) como sí me choca la apropiación pueril de algo que, de todas formas, tampoco es una manifestación puramente guatemalteca. Esto, me temo, no es sino una modalidad de la misma discriminación de la que siempre nos quejamos. Ciertamente no ocurre seguido que sea algo que viene de las clases populares lo que provoque estas reacciones de “mío, mío”. ¿Será esto indicio de alguna incipiente necesidad de comunidad intercultural? Gente que se deja llevar por las moditas pasajeras, siempre habrá. Gente que por primera vez experimente algo y diga “puchis, qué chilero esto que no conocía”, también siempre habrá. ¿Cómo separarlos? ¿Habrá necesidad? ¿Será de verdad importante saber quién era Laura León desde que salía en Siempre en Domingo para que pueda a uno gustarle? Yo creo que no. En todo caso, me parece esto la perfecta excusa para recomendar el ensayo de Mario Roberto Morales “Hacia una teoría del mestizaje intercultural”. Léanlo, pues, y bailemos juntos en paz.





Esta fue mi columna semanal No. 37 para Siglo21, publicada el martes 3 de enero de 2012. El texto publicado en la edición impresa difiere del acá transcrito, por edición del personal del diario. El enlace para el sitio web de Siglo21 es http://www.s21.com.gt/vida/2012/01/03/cumbias-chusmas

36 BIGOTITOS Y LUNARES

Ya antes lo he dicho: me parece chilerísimo que el estilo personal de cada quien se nutra de elementos que uno considere que reflejan quién es y, por tanto, de influencias obtenidas de donde uno guste. Pocas cosas se me hacen tan patéticas como vestirse o decorar la casa exactamente como estaban en la vitrina de la tienda donde se compraron las cosas…y créanme: se nota. Para lograr lo que digo, es natural darse ideas en fotos, en viajes, hasta en las propuestas de los diseñadores famosos. Antónimo de natural, según yo, sería que un guatemalteco no tuviera una sola referencia guatemalteca. La decoración de mi casa, por ejemplo, sin ser literal, gira en torno a la idea de un collarín de güipil, con colores, texturas y formas por todas partes. Dejo claro, entonces, que no soy un purista mayista extremista que cree que lo étnico es intocable en aras de la corrección política esa que pareciera, a veces, existir por existir. En septiembre, a propósito de la Miss Guatemala y su atuendo de cofrade de Chichicastenango, escribí sobre lo que considero un uso abusivo e ignorante de lo indígena. No es lo mismo usar una bufanda o una faja “típica”, que travestir a los niños por motivos falsamente patrióticos en septiembre y equivocadamente religiosos en diciembre, sobre todo cuando dicha actitud no conlleva, en absoluto, un mejor entendimiento de esa otredad ni se ha hecho, además, el mínimo esfuerzo por descubrir los errores y perversiones conceptuales de eso que se considera simplemente “lindo” y “bueno”. En lo particular, me es imposible no entender el mito de la Virgen de Guadalupe como uno notoriamente racista y colonialista. Y con esto hablo más bien de la leyenda y de la tradición, no de la aparición en sí, que yo en apariciones de ese tipo sí creo. De acuerdo a estudiosos como Marcella Althaus- Reid, las narrativas de la conquista a menudo retrataron a la Virgen María como guía de los conquistadores en sus masacres de indios. Los relatos oficiales de la propia Guadalupe retrata un ser de “infinita bondad” que se aparece ante un indio humilde, no para pedir trato justo para los indios, no para exigir vivienda para los pobres o protestar contra las violaciones a los derechos humanos…sino para demandar la construcción de un templo católico. ¿Qué conveniente, no? Total, si alguien ayer (y seguro fueron muchos) cometió la insensatez de “disfrazar” a sus hijos de “inditos” en honor al mito de la Guadalupe –con todo y los inexplicable bigotitos de español en los niños y lunar de putita en las niñas– espero que al menos hayan tenido la congruencia de tratarlos como trata Guatemala a los indígenas de verdad: que los hayan puesto a trabajar desde madrugada a cambio de un par de lenes, que hayan hecho la siesta en piso de tierra y comido, si mucho, un par de tortillas con frijoles; que hayan hecho la siesta en piso de tierra, que los hayan insultado y, si protestaron, que les hayan exigido hacerlo en donde no estorbaran el paso. Eso sí: es importante que se hayan visto lindos en las fotos, para atraer a las visitas, tal cual hace el INGUAT.



Esta fue mi columna semanal No. 36 para Siglo21, publicada el martes 13 de diciembre de 2011. El texto publicado en la edición impresa difiere del acá transcrito, por edición del personal del diario. El enlace para el sitio web de Siglo21 es http://www.s21.com.gt/vida/2011/12/13/bigotitos-lunares

jueves, 29 de diciembre de 2011

MIS DESEOS PARA DOS MIL DOCE

A riesgo de sonar como uno de esos tipos que recurren a la autoayuda coelhesca, no puedo evitar que, por cliché que sea, la idea de un nuevo ciclo -aún cuando sea el calendario quien lo dicte- sí me provoque ilusión y esperanza, a diferencia de otras celebraciones populares. En una menor parte por conveniencia de tiempo y en una mayor parte porque siguen siendo vigentes e importantes para mí, transcribo los deseos que ya por varios años llevo repitiendo, tanto para mí mismo, como para los demás:




Deseo que en dos mil doce encontremos gustito y amor por todas y cada una de las partes de nuestro cuerpo, incluyendo aquéllas que ahorita nos provocan caras frente al espejo y que hacen que nos entrapujemos para esconderlas. Deseo que en dos mil doce encontremos humor en todo, hasta en lo que parezca inapropiado encontrarlo...sí: pela la verga cuán serio sea. Deseo que en dos mil doce siempre tengamos fe; sobre todo en esos momentos en que tenerla parezca estúpido o ingenuo. Deseo que en dos mil doce sintamos inagotable libertad para expresarnos de cualquier forma que nos dé la gana, desde cómo nos vestimos hasta cómo hablamos; cómo cortamos la lechuga o de qué colores nos rodeamos y cómo apretamos los dientes (o los deditos de los pies) durante el sexo...¡que seamos nosotros mismos sin pena! Deseo que en dos mil doce avancemos - siempre avancemos - pero sepamos distinguir tanto el ritmo adecuado para cada uno como la dirección que nos toca, porque cada quien tiene su propio camino y “el adelante” no siempre nos queda enfrente; además, que no nos dé miedo sentarnos un ratito a descansar o a llorar, porque hacerlo también es parte de la jornada. Nos deseo en dos mil doce conciencia constante de nuestra conexión a ese algo más grande, sin importar qué tan desconectados nos sintamos unos de otros. Deseo que en dos mil doce aprendamos a decir "te amo" y "te quiero" sólo porque es la verdad, sin que nos importe ni un poquito la respuesta que pueda o no venir. Deseo que en dos mil doce vengan muchos momentos de feliz soledad, otros de deliciosa compañía y algunos también de divertida comunidad, siempre en la dosis en que cada cual se sienta correcta y segura. Deseo que en dos mil doce sepamos distinguir quiénes y cuáles son nuestras fuentes de apoyo y que seamos lo suficientemente humildes para saber cuándo necesitamos avocarnos a ellas y, sobre todo, que tengamos los huevos para decir “vos, ayudame, por fa”. Deseo que en dos mil doce nos abunde la inteligencia para saber cuándo nos toca ser el aprendiz y cuándo nos toca ser el maestro y cuándo somos todos sólo compañeros, y que sepamos asumir ese rol, en ese rato específico, con toda la enjundia que se requiera. Deseo que en dos mil doce encontremos fuerza y seguridad para marcar nuestros límites –ante todos, incluyendo familia y amigos– con la suficiente claridad y amor (decir “comé mierda” sí se vale) y que, al manifestarnos de la forma que sea, seamos escuchados y obtengamos respuestas significativas y que también estemos abiertos a escuchar a los demás y respetar sus límites. Nos deseo en dos mil doce gratitud por todo lo que tenemos y huevos, muchos huevos para apretarnos las botas y aventurarnos por fin a explorar ese territorio desconocido que hace mucho queremos conocer, porque en lo nuevo es donde es más factible encontrar nuestra libertad y crecimiento.

lunes, 5 de diciembre de 2011

35 LAS MODAS DE FIN DE AÑO

Si en algún momento del año casi todos los defectos de nuestra sociedad salen juntitos a flote (engañosamente etiquetados como “amor y paz”) es justo ahorita al final. La moda se torna abrigada; eso es chilero, sobre todo para quienes no somos amigos del calor. Procuramos sacar nuestra ropa más calientita y no falta quien aprovecha para pretender que vive en el ártico y anda haciendo bulto con aquel abrigo peludo que se compró en París o en Nueva York. Las casas y las calles se visten con muñecos de nieve, trineos y renos, cosa bastante ridícula considerando que aquí en Guatemala ni nieva ni hay más que venaditos de selva tropical. Los espacios públicos se llenan de luces que, además de iluminar el espíritu de la fiesta cristiana que celebra el nacimiento de Jesús, convenientemente promocionan la venta de cerveza Gallo y, este año, también de Coca Cola, tal vez para que los niños se mantengan despiertos y activos hasta pasada la media noche por la sobredosis de azúcar. Por cierto, me pregunto ¿A cuenta de qué se permite a estas entidades posicionar su marca tan flagrantemente? ¿Pagarán al menos Gallo y Coca Cola la cuenta de luz de la Muni? ¿O qué ganan y quién gana algo? ¿En serio esperamos campañas efectivas contra el abuso del alcohol cuando el símbolo capitalino de la navidad lo patrocina una bebida alcohólica? Se pone de moda, también, comprar y comprar y comprar. Yo, por mi parte, no pienso pisar un solo centro comercial de aquí hasta enero, ni siquiera para ir al cine. Suerte, a quienes vayan, encontrando parqueo. Algunos, por el aguinaldo, se sienten súbitamente y por algo así como dos semanas, ricos. Los pobres, eso sí, aunque sigan igual, se sienten más pobres que en los otros once meses; ¿Y cómo no? Con tanto anuncio junto que les recuerda todo lo que no tienen ni tendrán. Por su parte, el tráfico de esta época y las actitudes que afloran por su causa, lejos están del noble deseo de paz al prójimo que nos tiró encima el carro. Santa Clos surge, además, como la quintaesencia de la esquizofrenia que colectivamente vivimos y perpetuamos: Santa es una mentira, pero a los güiros se les enseña que no es bueno mentir. Se les dice que sólo trae regalos a los niños buenos, tratando de manipular así la conducta que más le conviene a los padres –tal como la religión luego nos regalará el paraíso, si somos bien portados– aunque de todas formas no hay padre ni madre que le hagan al hijo la cruel malobra de no darle regalo, así que los malcriados se salen impunemente con la suya, familiarizándonos desde chiquitos con la impunidad. Díganme como quieran: Grinch o Scrooge o Satanás. Yo estaré tranquilo tragándome un tamal (que en esta época no sólo se ponen de moda sino también se ponen más sabrosos) y odiándome a mí mismo por la imposibilidad de dejar de tararear la cancioncita de B&B.

Esta fue mi columna semanal No. 35 para Siglo21, publicada el martes 6 de diciembre de 2011. El texto publicado en la edición impresa difiere del acá transcrito, por edición del personal del diario. El enlace para el sitio web de Siglo21 es http://www.s21.com.gt/vida/2011/12/06/modas-fin-ano









domingo, 27 de noviembre de 2011

BESOS DE CENIZA: ALMA QUEBRADIZA




Aunque innegable que Benetton es una marca ubicua, debo admitir que no es ropa que me interese. Un par de suéteres habrán en mi clóset (seguramente viejos) pero me parece ropa demasiado básica y sobrepreciada, además de diseñada para anoréxicos. Lo que desde hace años disfruto son sus campañas publicitarias. Pese a que su objetivo natural es convencerme de comprar, sé que eso no me interesa, así que simplemente disfruto sus imágenes curiosas, hermosas, casi siempre transgresoras. Recuerdo varias, como aquella de una chica albina rodeada de su tribu africana o la del bebé blanco lactando de una mujer negra y, mi favorita, un collage multiétnico de genitales. Me gusta también la campaña nueva, “Unhate”, que para hoy más de medio mundo seguro ya conoce, como también sabrán ya del Vatiberrinche que armó el Vaticano, quien no tarda en interponer una demanda por faltar el respeto al papa y a sus “fieles” (cuando les conviene) seguidores. Me parece esto una payasada tan monumental como cuando Quezada Toruño armó relajo porque el vocero presidencial osó decirle “señor” y no “monseñor”. La campaña esta de Benetton, ideada, como las otras, por Oliviero Toscani, muestra a parejas de líderes políticos, usualmente antagónicos, besándose entre sí: el presidente de EUA con el de Venezuela (en otra, con el de China), la canciller de Alemania con el presidente de Francia, el principal líder palestino con el primer ministro de Israel, el líder de Corea del Norte con el de Corea del Sur y el papa con el imam egipcio que lidera el centro de adoctrinamiento más importante del islamismo suní. Aunque para muchos sea complicado separar al papa en sus funciones de líder espiritual y político, creo acertado verlo de esa forma. Después de todo, es el Vaticano un estado con territorio, población y soberanía propias. La ira demostrada por los católicos me huele a mero fundamentalismo. ¿Acaso lo peor en la historia de la iglesia católica son besos? ¿Acaso de verdad alguien en el mundo pensaría que la foto es real? La imagen es, básicamente, equiparable a una caricatura política. ¿Se imaginan si los políticos del mundo se dieran a la tarea de plantear demandas contra las caricaturas que los ridiculizan? ¿Y, en todo caso, no se supone que el papa debería, siguiendo las enseñanzas de Cristo, dar el ejemplo de ser humilde y poner la otra mejilla? En fin, me quedo con una muestra más de que el ego vaticano, cuando sale del clóset, es casi tan majestuoso como la banca vaticana.



Esta fue mi columna semanal No. 34 para Siglo21, publicada el martes 29 de noviembre de 2011. El texto publicado en la edición impresa difiere del acá transcrito, por edición del personal del diario. El enlace para el sitio web de Siglo21 es www.s21.com.gt/vida/2011/11/29/besos-ceniza-alma-quebradiza
















TEJIDO SOCIAL FASHION

En Chile no hay indios, sólo hay chilenos” cuenta Galeano que rezaban los carteles de gobierno durante la dictadura de Pinochet; y fue esa la frase que me vino a la mente con la nueva campaña de Saúl E. Méndez titulada –no sé si ingenua, irresponsable o cínicamente– “Tejido social”, una excusa bastante simplona para fotografiar hilos multicolores contra la última colección de ropa de la tienda. Me es difícil pensar otra cosa, porque es obvio que nuestro tejido social –y me refiero al guatemalteco, por si hay duda– no está primordialmente compuesto por personas con pinta ni asiática ni afroamericana ni ibérica ni nórdica, como la de los cuatro modelos utilizados para las fotos publicitarias, tal cual lo hacía Benetton 20 años atrás…salvo que Benetton pretendía reflejar al mundo entero y no un país compuesto mayoritariamente por indígenas de distintas etnias y cuya fisonomía del resto, salvo una pequeña minoría, es mestiza. Por supuesto que en Guatemala contamos con comunidad asiática, tal como también existen rubios de ojo claro y personas con fisonomía ibérica. Tenemos, asimismo, garífunas, que no fueron tomados en cuenta, salvo que el criterio de selección se hubiera limitado a “¡Ay, hombre, negro es negro!”. Pero no nos engañemos: no existe confusión. Los creativos de la campaña tienen todo esto perfectamente claro y simplemente piensan, como muchos, que el populacho es muy feo como para salir en una campaña que, de todas formas, no se dirige a vender ropa a pobretones que no pueden pagarse un tacuche fino. Eso lo entiendo y ni modo. Lo que me parece perverso es llamarle a esa pequeña muestra “EL tejido social”, reconocer que “repararlo” es súper fundamental para los guatemaltecos (palabras de Emilio Méndez, el mismo que sueña con crepas de nutella en las esquinas de los barrios en lugar de los shumos puestos de tostadas) y aun así, que los únicos indígenas involucrados en el proceso sean utilizados como fondo en algunas fotos (mientras trabajan en sus tejidos: mano de obra) y para vender sus lindas artesanías en las calles (en el espacio asignado para ellos) durante el TEJIDO SOCIAL FASHION WEEKEND BY SAUL E. MENDEZ (nótese el spanglish, nuevo orgullo nacional) que se llevó a cabo en Xela este fin de semana recién pasado, perpetuando, indudablemente, el papel de los inditos como vendedores del mercadito a que juegan los niños ladinos, patrióticamente, cada septiembre en sus colegios. “Pintoresco, nena, pintoresco” le dijo aquel señor a Mafalda.

Esta fue mi columna semanal No. 33 para Siglo21, publicada el martes 22 de noviembre de 2011. El texto publicado en la edición impresa difiere del acá transcrito, por edición del personal del diario. El enlace para el sitio web de Siglo21 es http://www.s21.com.gt/vida/2011/11/22/tejido-social-fashion







PEQUEÑAS VICTORIAS

Su régimen de ejercicios comenzó desde agosto y consistió en dos sesiones al día con su entrenador personal. Una nutricionista midió su masa muscular, sus niveles de grasa y de retención de líquidos. Su dieta incluyó licuados de proteína, vitaminas y suplementos para mantener optimizados sus niveles de energía durante el intenso entrenamiento físico. Durante todo ese tiempo, bebió un galón de agua diario. Nueve días antes del evento, su ingesta diaria consistió exclusivamente de licuados, es decir, nada de alimentos sólidos. Dos días antes, dejó de beber el galón de agua y bebió líquidos “normalmente”. Doce horas antes, dejó de comer y beber del todo. Evitando cualquier líquido para “secarse” se pueden perder hasta ocho libras de último momento, dice. Según una entrevista para el diario londinense The Telegraph, todo eso, señores, es lo que hizo la modelo Adriana Lima antes de caminar por la pasarela delVictoria’s Secret Fashion Show de la semana pasada en variedad de calzones, brassieres y alas de ángel, para deleite, sobre todo, de los chicos púberes del mundo que luego verán la transmisión televisiva una y otra vez en esos extraños días en que deciden “bañarse” seis o siete veces, tan limpios ellos. La cuestión es esta: el desfile de Victoria’s Secret, por mucho que presente modelos con cuerpos un tanto más saludables que las pasarelas de moda comunes, lleva algunos años marcando la pauta de lo que se considera la belleza femenina para el resto del mundo. Me pregunto cuántas personas se han sentido inadecuadas al probarse un atuendo de esos de Victoria’s Secret y se deciden a comprar mejor uno de esos sprays con olor a fruta y esperar hasta que la próxima dieta haga sus efectos. Lo entiendo, yo he estado allí (no probándome brassieres en Victoria’s Secret, sino en la situación...luego de ver la lica 300 pasé varios días detestando el espejo, por ejemplo) pero, sorpresa: son puras estupideces. Una persona común, sea de donde sea, no tiene ni la plata ni el tiempo para dos sesiones de ejercicio al día con entrenador personal ni para nutricionista particular. Tampoco suena muy factible pasar varios días sólo con licuados. Esas modelos tienen asistentes, chefs personales y, básicamente, su trabajo es verse como se ven. No critico la dedicación de Adriana Lima, como tampoco criticaría el régimen de un maratonista o triatlonista, sino simplemente digo que debemos percibir estos cuerpos con un agrado meramente superficial y con bastante, bastante realismo. Yo, para mientras, voy por un McRib...

Esta fue mi columna semanal No. 32 para Siglo21, publicada el martes 15 de noviembre de 2011. El texto publicado en la edición impresa difiere del acá transcrito, por edición del personal del diario. El enlace para el sitio web de Siglo21 es http://www.s21.com.gt/vida/2011/11/15/pequenas-victorias




lunes, 7 de noviembre de 2011

F*CK YOU LIKE AN ANIMAL

Así fue la cosa: Un paparazzo toma una foto cualquiera de la actriz Reese Witherspoon caminando por alguna calle de Los Angeles. Alguien nota que su bolso -que aparece en varias otras imágenes y pareciera ser el “de batalla”- es un Chloé de piel de pitón. Entonces, la asociación PETA (People for the Ethical Treatment of Animals) envía a Witherspoon un video narrado por su co-estrella en la lica “Walk the Line”, Joaquin Phoenix, en donde éste explica que la piel de las serpientes para accesorios de moda es obtenida mediante el cruel procedimiento de clavar la cabeza de la serpiente viva a un árbol, desollarla sin que ésta haya muerto y luego simplemente dejar allí al animal para que muera cuando muera. Reese Witherspoon agradece públicamente a PETA por instruirla sobre el tema y asegura que no usará más su bolso de aproximadamente US$4,000.00. Y vivieron felices para siempre, me imagino. Regresando a la realidad, ignoro si es verdad que ese es el procedimiento estándar vigente para obtener piel de serpiente. ¿Será posible? Por todos los dioses, espero que no. PETA no siempre es de confiar en cuanto a sus aseveraciones, que no es raro que suelan ser parciales y tendenciosas. En todo caso, el asunto me desencadenó toda una serie de pensamientos confusos. Y digo, estar confundido no siempre es malo; es más, con el mundo como es, supongo que es natural. Por un espacio de 3 años fui vegetariano. Ya no lo soy. En realidad no me causa conflicto la idea de que el destino de algunos animales sea terminar en mi panza (tal como terminarían naturalmente en la panza de otros carnívoros), aunque tampoco me hace gracia el trato que se les da cuando el asunto ya pasa a la gran escala y se vuelve más importante criarlos y engordarlos a como dé lugar, sin tomar en cuenta que cualquier animal es un ser vivo y, por tanto, tan meritorio de un trato digno como uno mismo. Claro, el asunto del trato digno entre humanos no es precisamente prioritario para mantener engrasadas las ruedas del capitalismo extremo, así que sería sobremanera ingenuo extrañarse de cómo se trata a los pollos o a las reses o a los cerdos (o, incluso, a las ratas que nos hacen pasar por pollo o cerdo en cualquier sabroso wan tan) o a lo que sea que usan para hacer salchichas...en fin. No soy un experto en el tema y, ciertamente, tampoco me quita el sueño, aunque puedo asegurar que no vivo pateando perros ni gatos ni puedo tolerar a la gente que es cruel o sádica con los animales. Me parece admirable la pasión, entrega y dedicación de algunas personas que conozco por sus mascotas, aunque la casi obsesión de algunas otras suele perturbarme. Esa pastelería para perros en un centro comercial de la zona 10, por ejemplo, me parece ofensiva considerando la desnutrición rampante que padece nuestro país. Y no digo que deje de existir ese negocio, necesariamente; es sólo que el contraste duele y no hace sino recordarme el pasaje aquel de “La Virgen de los Sicarios” (de Fernando Vallejo) en donde Alexis, el adolescente asesino que no se tienta el alma para matar gente por cualquier pendejada, llora desconsolado por un chuchito moribundo atrapado en un desagüe que, para él, valía más que el prójimo. Eso sí que me quitó el sueño.

Esta fue mi columna semanal No. 31 para Siglo21, publicada el martes 8 de noviembre de 2011. El texto publicado en la edición impresa difiere del acá transcrito, por edición del personal del diario. El enlace para el sitio web de Siglo21 es http://www.s21.com.gt/vida/2011/11/08/f-you-animal





lunes, 31 de octubre de 2011

EL TEMA DE MODA

Escasos temas relacionados con justicia logran ponerse “de moda” y durar en las pláticas del ciudadano común un poco más que la clásica “llamarada de tusa” (término que, muy a mi pesar, bien sabe utilizar mi madre cada vez que comienzo alguna dieta o me inscribo al gimnasio...). El de Cristina Siekavizza es uno de ellos. Dudé mucho en escribir una columna al respecto, porque así como 9 de cada 10 dentistas recomiendan usar (inserte nombre de dentífrico), pareciera que también 9 de cada 10 columnistas decidieron escribir sobre el asunto la semana pasada, algunos mejor que otros, por supuesto. Sin embargo, más que lo que tengan que decir ellos en los diarios, me llama la atención lo que platica la gente en la calle, lo que gritan quienes exigen justicia para Cristina, los “valores” que se extraen de la situación que llevó al crimen y de las situaciones que se desprendieron de él. Definitivamente, vivimos en un país profundamente machista. Tan machista que se niega categóricamente a reconocer que las mujeres no tienen un trato siquiera medianamente similar a los hombres, que la reiterada situación de violencia extrema en contra de ellas se debe a un conjunto de valores profundamente enraizado que las invisibiliza, que las desprecia, que las mata porque es fácil, que las trancacea porque no son “buenas”, que las embaraza y las deja solas, que les exige ser delgadas, peinadas, maquilladas y taconudas, pero santurronas y virginales, madres sumisas...o si no, que se aguanten. ¿Cuánta gente cree innecesaria o absurda la “Ley contra el femicidio y otras formas de violencia contra la mujer”? ¡Muchos más de lo que se pensaría desde un país civilizado! Este 8 de marzo recién pasado, Día Internacional de la Mujer, me sorprendió la exagerada cantidad de comentarios burlones y despectivos hacia el día, la avalancha de argumentos simplones sobre la carencia de un día internacional del hombre y de prevalencia de la falsa conclusión de que ya todos somos iguales (que se repite casi siempre en perjuicio de varias otras minorías que requieren discriminación positiva como forma de compensación). ¿Por qué como sociedad es tan notorio que todavía entendemos a la mujer de esa forma tan ridícula y minimizante? Casi todos los argumentos que escucho sobre el caso encajan, de un modo u otro, dentro de los mismos parámetros patriarcales en donde todo es culpa de la mujer. Que si Cristina era infiel, mala esposa y merecía su castigo; que si Cristina era una mujer que prefería la comodidad económica o las apariencias y por eso soportó el sufrimiento; que si Beatriz De León era una madre dejada que eligió su profesión a la educación del nene, que si es una madre alcahueta y consentidora, incluso para el crímen...¿Es imposible movernos por fuera de estos paradigmas cavernarios? Independientemente de este caso, queda mucho por decir y queda mucho por hacer con respecto a nuestra visión sobre las mujeres y cómo ésta se refleja en las política del Estado. No es opción no entrarle. ¿Una pista de la raíz del asunto? Chéquen en su Biblia: 1Timoteo 2:11 a 2:15.

Esta fue mi columna semanal No. 30 para Siglo21, publicada el martes 1 de noviembre de 2011. El texto publicado en la edición impresa difiere del acá transcrito, por edición del personal del diario. El enlace para el sitio web de Siglo21 es http://www.s21.com.gt/vida/2011/11/01/tema-moda




lunes, 24 de octubre de 2011

¡CONSUMIR, CONSUMIR, CONSUMIR!

De moditas pasajeras, periódicas e ineludibles, ciertamente estamos rodeados. Pasajeras, porque duran de un par de semanas las que menos a un par de meses la que más; periódicas, porque son varias al año, todos los años. Ineludibles, porque...¿necesitaré explicarlo? Y pocos, muy pocos, nos atrevemos, en lo posible, a conscientemente pasar por alto la publicidad que, como bien dice Eduardo Galeano, nos ordena consumir – por más que la economía se lo prohíba a la mayoría. Comenzamos en enero: aunque la tradición del día de reyes es heredada de España, no era común, hasta hace pocos años celebrarla aquí. Ahora, sin embargo, desde que varias panaderías importaron la receta mexicanoide, pues ya es menester comprarla y juntarse con los cuates: Es la moda disfrazada de sabrosa “costumbre” (subrayo lo de “sabrosa”). En febrero es raro quien quede libre de verse forzado a comprar rosas sobrepreciadas, peluches cursis, tarjetas horrendamente melosas o hacer colas enormes en algún restaurante para celebrar el cariño que se le tiene a los amigos, la pareja o la familia. No faltan, tampoco, las depresiones solteronas que duran lo que dura la psicosis del día. Al rato llega la Semana Santa: renta de casas en el puerto, hoteles, fiestas patrocinadas por megaempresas alcoholeras, bikinis, chancletas, ropa de verano. Viene luego el día de la madre y nos ofrecen desde regalos que considero un tanto ofensivos (aunque útiles, supongo...) como planchas y licuadoras, lavatrastos y secadoras, hasta, otra vez, flores que súbitamente subieron de precio mínimo un 100% y, de nuevo, colas ridículas para comer fuera de casa. Llega el día del padre, e igualmente, sin las flores, no falta la publicidad estereotipando a los tatas machosos con corbatas, tacuches, zapatos muy formales, palos de golf e implementos deportivos. Nos saltamos hasta septiembre, cuando llega el feriado de la independencia, que implica que varios menús se vuelven patrióticos, las ventanas de carros y casas se enorgullecen con banderas y, claro, se gasta por el feriado o por los uniformes para el desfile. Ojo, que el que en julio y agosto no haya algo (está la feria capitalina), todo el año se celebran cumpleaños que, cuando menos, implican alguna junta pequeña en que no puede faltar el guaro, sin dejar de mencionar a las típicas madres angustiadas porque su angelito tenga la fiesta más cara y demostrativa (para las demás mamás) sobre cuánto, cuánto quieren al nene. Y vaya si no se vuelve competencia...En octubre está Halloween: parranda y disfraces justo antes del fiambre en noviembre, claro, que implica muchos, muchos suplementos de ofertas con conservas, latas, embutidos finos y, no falta ya, hasta la versión exótica de fiambre tailandés en alguna deli caquera. Fin de año es de fiestas decembrinas que, por lo general, se aprovechan del cristianismo para vender y vender y vender y vender: el ponche para las posadas, tamales, regalos para los más conocidos posibles, convivios, chupes, juntas, estrenos de ropa, la fiesta de año nuevo, las cenas, todo con su consecuente dosis de melancolía, depre o frustración porque la plata no alcanza u orgullo porque hasta sobra... Regresa enero y otra vez el día de reyes, acompañado de mochilas, libros, cuadernos y uniformes. Y así sigue, ad eternum, el ciclo que termina Galeano describiendo como igualador y desigual: igualador en las ideas y en las costumbres que impone, y desigual en las oportunidades que brinda.

Esta fue mi columna semanal No. 29 para Siglo21, publicada el martes 25 de octubre de 2011. El texto publicado en la edición impresa difiere del acá transcrito, por edición del personal del diario. El enlace para el sitio web de Siglo21 es http://www.s21.com.gt/vida/2011/10/25/consumir-consumir-consumir